María José Gómez destacó el papel de la feria, declarada de Interés Turístico, en la promoción de los productos gallegos y el tejido social de la comarca
La Feria de Santos de Monterroso, una cita ineludible con ocho siglos de historia a sus espaldas, vivió ayer una jornada especial con la visita de la Conselleira de Medio Rural, María José Gómez. La responsable autonómica puso en valor este evento, uno de los más antiguos de Galicia, como un «agente dinamizador social y económico» fundamental para la comarca de A Ulloa, subrayando su capacidad para unir tradición y modernidad en un mismo espacio.
Con un legado que se remonta al menos al año 1219, la Feria de Santos es mucho más que un mercado. Es un viaje en el tiempo, un encuentro con las raíces y un vibrante escaparate del presente del mundo rural gallego. La conselleira Gómez recorrió los stands repletos de los sabores y saberes de la tierra: quesos, miel, vinos y carnes que atraen cada año a más de 20.000 visitantes y a feriantes de toda España.
Un puente entre el pasado y el futuro
Un visitante destacó la importancia crucial de este tipo de citas para «favorecer el contacto directo entre productores y consumidores, impulsar los canales cortos de comercialización y fomentar el consumo de productos de proximidad». En un mundo globalizado, la Feria de Santos se erige como un baluarte de la calidad y la autenticidad de los productos agroalimentarios gallegos.
Pero la feria no solo es economía. Como bien saben los vecinos, es un evento donde «lo social, etnográfico, gastronómico, lúdico y cultural se dan la mano». Es un día de fiesta para todas las edades, un punto de reencuentro para las familias y un museo vivo de las tradiciones de la zona. La imagen histórica que define este evento, según los más mayores, es la de las recuas de ganado caminando en procesión por los distintos caminos hacia Monterroso, un símbolo de un pasado que aún late en el presente.
Resistencia y libertad: el ADN de la feria
El carácter indomable de esta feria viene de lejos. Desde tiempo inmemorial fue una feria franca, y así lo atestigua un hecho histórico: en 1790, el intento del rey Carlos IV de imponer un impuesto (alcabala) fue contestado con una revuelta popular liderada por la Partida de la Ulloa. Este levantamiento, que se extendió por toda Galicia, obligó a la corona a dar marcha atrás y respetar la libertad comercial de la feria. Un espíritu de independencia que, 235 años después, sigue vivo en cada transacción y en cada encuentro.
Hoy, aunque concentrada en la jornada del 1 de noviembre –en el pasado se extendía durante tres días–, la Feria de Santos mantiene intacta su esencia. Conviven el bullicio del ganado con la paciencia de los artesanos, el olor a pulpo con el sonido de la gaita. Es un evento vivo, un patrimonio inmaterial que la Xunta de Galicia, a través de la presencia de su conselleira, reconoce y apoya como un pilar para la cohesión territorial y la proyección de Galicia.
La visita de María José Gómez a la Feria de Santos no fue solo un acto protocolario; fue un reconocimiento institucional a una tradición que, siglo tras siglo, sigue siendo el corazón económico y cultural de A Ulloa, demostrando que las raíces más profundas son también las que mejor nutren el futuro.

