30/04/2026

El Breogán muerde el polvo en un duelo de rachas  que se paga caro en Miribilla (100-90)

Los de Luis Casimiro compitieron durante tres cuartos en Bilbao, pero un arranque de pesadilla en el último periodo y la defensa interior local condenan a los lucenses a su tercera derrota consecutiva

El Río Breogán firmó un partido de dos caras en el Bilbao Arena. Una primera mitad para olvidar en cuanto a juego colectivo y una reacción épica en el tercer cuarto que hizo soñar con la remontada. Sin embargo, el sueño se convirtió en pesadilla en los minutos finales. El Surne Bilbao Basket, liderado por un descomunal Hlinason y un inspirado Hilliard, impuso su ley en el último cuarto para llevarse el triunfo por 100-90, en un encuentro correspondiente a la jornada 22 de la Liga Endesa disputado este sábado.

Los de Luis Casimiro, que llegaban tocados anímicamente tras las últimas derrotas post-Copa, volvieron a evidenciar problemas de irregularidad. El encuentro comenzó con un espejismo. Los lucenses, liderados por la energía de un reaparecido Dibba y la dirección de Mavra, lograron cerrar el primer cuarto con una mínima ventaja (23-25). Era un espejismo porque, a pesar de estar por delante, el equipo ya mostraba síntomas de un juego precipitado y sin control, un «correcalles» plagado de errores no forzados que lastrarían el resto de la noche.

En el segundo cuarto, el despropósito se acentuó. Las pérdidas de balón se sucedieron y el Bilbao Basket, mucho más físico, encontró en Hlinason un martillo pilón en la pintura. Los de Jaume Porsanau voltearon el marcador con un parcial de 26-17 que les permitió irse al descanso con una renta de siete puntos (49-42). En esta primera mitad, la imagen más preocupante fue la de Francis Alonso. El habitual salvador del equipo, referente ofensivo durante toda la temporada, se convirtió en una sombra sobre la pista, desaparecido y sin encontrar la manera de aportar.

La reacción y el fantasma del último cuarto

Lejos de venirse abajo, el Breogán demostró carácter tras el paso por vestuarios. El equipo apretó los dientes en defensa y comenzó a correr. Ahí apareció la figura de Brankovic, que hasta entonces había pasado desapercibido, para dominar en la zona y anotar bajo el aro. Un parcial de 22-27 en el tercer cuarto permitió a los lucenses llegar al último cuarto únicamente 2 puntos por abajo, pero pocos segundos antes llego a empatar el partido a 67, encendiendo las alarmas en la grada de Miribilla y devolviendo la esperanza a la parroquia celeste.

Parecía que el partido entraba en un tramo de igualdad, pero nada más lejos de la realidad. El último cuarto fue un monólogo local. El Bilbao Basket ejecutó un parcial de 26-8 que dinamitó el encuentro, llegando a alcanzar una ventaja de 20 puntos. La defensa visitante se desmoronó ante la potencia de Hlinason (17 puntos y 5 mates) y el acierto de Hilliard (21 puntos), un viejo conocido de la afición del Breogán que terminó siendo el verdugo.

En un intento desesperado por reaccionar, el Breogán cayó en el individualismo, multiplicando los errores y las malas decisiones. Solo entonces, con el partido ya roto, apareció Alonso para maquillar sus números y los de Cook , que volvió a jugar a rachas para alcanzar los 15 puntos. Pero fue demasiado tarde.

Lecturas contradictorias: El acierto exterior y la debilidad interior

La estadística final dejó datos para el debate. Sorprendentemente, el Breogán dominó el rebote (32 por 28 de Bilbao) y tuvo un aceptable 48% en triples. Sin embargo, el problema radicó donde suele residir el éxito en el baloncesto: la zona. Los lucenses firmaron un pobre 47,22% en tiros de dos, mientras que los bilbaínos alcanzaron un  65,71% desde esa distancia. Ahí residió la clave del encuentro. No sirve de nada igualar el acierto exterior si la pintura es una autopista hacia el aro rival.

El regreso esperanzador de Dibba

Si algo positivo se puede extraer de la noche en Bilbao, es la reaparición de Dibba. Tras una larga lesión, el jugador mostró su mejor versión. Anotando desde todos los lados (triples, penetraciones y en la pintura), sumó 15 puntos y se convirtió en el jugador más valorado de su equipo. Su actuación fue un soplo de aire fresco en medio de la tormenta, demostrando que puede ser un arma diferencial en el tramo decisivo de la temporada. Suyo fue el mérito de aguantar al equipo en los momentos más oscuros de la primera mitad.

Fuente: acb.com

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