El pleno ordinario de abril, trasladado excepcionalmente a la tarde, coincidió con una manifestación que reunió a 300 personas, muy lejos del millar del viernes anterior. El alcalde, Miguel Fernández, vivió momentos de tensión con gritos, silbatos y objetos lanzados desde la bancada pública, que terminó desalojada
El salón de plenos del palacio municipal de Lugo fue testigo ayer de una jornada que nada tuvo de ordinaria. El pleno correspondiente al mes de abril, que por acuerdo organizativo se celebra habitualmente por la mañana a las 10:00, fue trasladado excepcionalmente a las 17:00 horas. Y, casualidad o no, media hora antes de la nueva hora fijada para el inicio de la sesión, a las 16:30, una manifestación convocada frente a la casa consistorial logró congregar a unas 300 personas.
La cifra supone un notable descenso en la capacidad de movilización si se atiende a los antecedentes recientes: el pasado viernes que llegaron a reunir a poca más de mil personas. Entre los asistentes de ayer se pudo observar a representantes del Partido Socialista de la provincia de Lugo.

El BNG baja a la plaza
Antes de que diera comienzo la sesión plenaria, el portavoz del BNG se desplazó desde el interior del edificio hasta la plaza para conversar con los manifestantes y atender a los medios de comunicación allà presentes. Poco después se sumó a la protesta, aunque sin acceder a la bancada del pleno, el secretario general del PSdeG, José Ramón Gómez Besteiro, acompañado de Lara Méndez, quien fuera alcaldesa durante los primeros siete meses del mandato 2023-2027 hasta su salida para ocupar un puesto en el Parlamento de Galicia.

Una vez arrancado el pleno, los lÃderes socialistas abandonaron rápidamente la plaza. Fuentes apuntaron que la decisión pudo deberse a que el centenar de personas que permanecieron en el exterior durante la sesión pertenecÃan a entornos más próximos a la fuerza nacionalista, un clima menos confortable para las siglas socialistas.
El micrófono abierto del alcalde

El alcalde, Miguel Fernández, optó por mantener un perfil institucional. No bajó a la manifestación y realizó declaraciones a los medios en la puerta del consistorio minutos antes de acceder al salón de plenos. Todo transcurrÃa dentro de la corrección protocolaria hasta que el regidor realizó un comentario desafortunado sin apercibirse de que aún estaba el micrófono abierto.
Traslado de la protesta al salón de plenos
Como era previsible, la tensión se trasladó al interior. Los manifestantes fueron subiendo escaleras y ocuparon en pocos minutos todo el reducido espacio reservado al público en el salón de plenos. Desde el primer momento, gritos y silbatos se convirtieron en la banda sonora de la sesión.
El alcalde advirtió en varias ocasiones que era necesario guardar silencio para el desarrollo de la sesión, pero la desobediencia fue en aumento. Por si fuera poco, desde el exterior, y aprovechando que los balcones del salón de plenos permanecÃan abiertos, se escuchaban consignas amplificadas con megafonÃa que coreaban al unÃsono cada vez que intervenÃa algún concejal de la oposición.
Pancarta, objetos y desalojo
Dentro del salón plenario, un grupo de asistentes mantuvo desplegada una pancarta durante la sesión. Más tarde llegaron los silbatos sistemáticos, los gritos y, finalmente, el lanzamiento de objetos al salón. Ese comportamiento, fue la gota que colmó el vaso, y que se veÃa venir desde el inicio del pleno, casi como un final buscado.
El alcalde, haciendo uso de sus facultades, ordenó el desalojo del público de la sala. Agentes de la PolicÃa Local procedieron primeramene a la expulsión de una persona de forma inmediata, y posteriormente el resto del público era instado a abandonar la zona de manera ordenada.
El pleno pudo continuar, aunque con un ambiente enrarecido y con los ecos de una protesta que, pese a perder fuerza en la calle, logró paralizar durante unos minutos el desarrollo ordinario de la sesión.
Lo que debÃa ser el pleno ordinario de abril acabó convertido en cualquier cosa menos un pleno ordinario. La manifestación menguó en número y en intensidad. Y el salón de plenos, un espacio pensado para el debate sosegado, fue escenario de un inédito cruce de silbatos, pancartas y objetos.

