El acuerdo con EcoLugo, refrendado por la plantilla con un apoyo aplastante, desbloquea un año de conflicto y coloca a la alcaldesa como la gran artífice del diálogo social, mientras la ciudad evita una crisis sanitaria y consolida una hoja de ruta que va más allá de la basura: rehabilitación, austeridad y apertura de la Escuela de Música
A todos los vecinos y vecinas de Lugo, como de cualquier otro municipio, les gusta ver y tener una ciudad limpia, y que la basura esté recogida. Cuando estos dos escenarios funcionan a la perfección, todo parece transcurrir con normalidad, casi como si ocurriera por obra y gracia divina. Las calles relucen, los parques invitan al paseo y el aire no trae malos olores. Sin embargo, esa aparente sencillez esconde el esfuerzo titánico de un colectivo que trabaja en horarios que a la gran mayoría no nos gustan ni siquiera contemplar: madrugadas, noches, festivos y condiciones climáticas adversas.
Pero como decía Benjamin Franklin: “Solo cuando el pozo se seca, sabemos el valor del agua”. Y en el servicio de limpieza y recogida de residuos, ese pozo se seca cuando los camiones no pasan, cuando los contenedores rebosan o cuando las calles acumulan suciedad. No se trata solo de una cuestión de imagen para los turistas o de orgullo ciudadano; es, ante todo, un problema de salud pública. No es necesario ir muy lejos para encontrar un ejemplo: el Ayuntamiento de A Coruña tuvo que decretar una emergencia sanitaria precisamente por los graves problemas en la limpieza y la recogida de basura. Lugo, afortunadamente, no ha tenido que llegar a ese extremo, pero el riesgo siempre acecha cuando las negociaciones se enquistan.
Detrás de cada trabajador de la limpieza, detrás de cada operario de recogida, hay una familia y, en su gran mayoría, vecinos y vecinas de Lugo. Son personas que merecen unas condiciones laborales acordes a sus tareas y a la responsabilidad que asumen, porque todos disfrutamos de su trabajo, pero rara vez lo valoramos hasta que falla. Por eso, el reciente acuerdo alcanzado en el convenio de EcoLugo no es una simple anécdota sindical, sino un triunfo colectivo que garantiza la estabilidad de un servicio básico.
El resultado de estas negociaciones con la empresa EcoLugo y los trabajadores dio sus frutos, y la propia plantilla lo ha refrendado de manera contundente: 95 votos a favor y 39 en contra, lo que supone un 70,90% de apoyos. Si esto se tratase de unas elecciones, cualquier político querría para sí semejante respaldo. Este amplio respaldo, con el apoyo de los sindicatos UGT y USO y la oposición de la CIG, demuestra que el acuerdo no es impuesto, sino consensuado y valorado por quienes mejor conocen la realidad del día a día en las calles.
Sin embargo, esta buena noticia para los trabajadores y para los vecinos y vecinas de Lugo, que podrán seguir viviendo sin tener como titular la falta de un servicio tan importante, no ha llegado por generación espontánea. Detrás de este desbloqueo hay un año de negociaciones sin fruto, una situación que parecía abocada a un camino sin salida y a un posible conflicto laboral con graves consecuencias. Pero algo ha cambiado en los últimos meses, y ese algo tiene un nombre propio.
Es aquí donde debemos destacar la figura de la alcaldesa Elena Candia. Según los propios firmantes del acuerdo, ellos agradecieron expresamente su presencia en las negociaciones. No es algo usual que una alcaldesa se siente en la mesa a negociar un convenio colectivo, pero su implicación ha cambiado las costumbres de etapas anteriores. Hay que recordar que Elena Candia lleva entorno a 100 días en el puesto, y en este corto período de tiempo ya ha dejado una huella notable en la gestión de los recursos humanos.
Todo apunta que a Elena Candia se le da bien las negociaciones en asuntos laborales, y no es solo por este desbloqueo del convenio de limpieza y recogida. Hace unos días, tras largas negociaciones, logró un acuerdo con los funcionarios para aprobar la carrera horizontal, un anhelo largamente demandado por los empleados públicos. También consiguió el desbloqueo que permitió la reapertura de la Escuela de Música tras dos años cerrada, devolviendo a los jóvenes lucenses un espacio de formación y cultura. Las negociaciones con los trabajadores son importantes para que los servicios funcionen, y estos 100 días han sido muy productivos en esta tarea de personal de Elena Candia.
Pero como no es probable que obtenga el 70,90% de votos en las elecciones de mayo de 2027, como sí logró el convenio de EcoLugo –en el que fue un actor fundamental–, la alcaldesa no podrá olvidar sus otros asuntos gestionados en estos primeros cien días de mandato. Su agenda ha estado repleta de iniciativas que van más allá de los recursos humanos y que configuran su proyecto de ciudad:
- La reducción de gasto de personal de gobierno, un gesto de austeridad y ejemplaridad que sienta las bases de una administración más eficiente y cercana a las dificultades económicas de los ciudadanos.
- La declaración de Área de Rehabilitación Integral en la zona norte de la ciudad, una medida pensada para aprovechar el nuevo Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, que permitirá revitalizar un área necesitada de inversión y mejora urbana.
- La exigencia a varias empresas de reparar los fallos en la peatonalización del centro histórico, demostrando que no solo se preocupa por los grandes acuerdos, sino también por los pequeños detalles que hacen más habitable y accesible el corazón de Lugo.
- La inversión de 204.000 euros en un contrato de desbroce de pistas, atendiendo a la necesidad de mantener en condiciones óptimas los espacios deportivos y naturales del municipio.
En definitiva, estos 100 días han puesto de manifiesto que la capacidad de diálogo y la firmeza negociadora de Elena Candia no son flor de un día, sino una herramienta eficaz para desbloquear situaciones enquistadas y dar respuesta a las necesidades reales de los trabajadores y de la ciudadanía. La limpieza y la recogida de basura han sido el ejemplo perfecto de que, cuando se sientan todas las partes y se pone el interés general por encima de las siglas, los acuerdos son posibles y beneficiosos para todos.
Porque, como bien sabemos, cuando el pozo se seca, todos echamos de menos el agua. Y en Lugo, gracias a este acuerdo y a la implicación de su alcaldesa, el pozo de la limpieza y la dignidad laboral sigue manando con fuerza.

