El partido de Ana Pontón, atrapado en su propia prisión retórica, sacrifica su credibilidad en materia de violencia machista por un asiento en la Diputación, en un movimiento de alto riesgo político
Este miércoles 14 de junio, la política provincial de Lugo se juega una de sus cartas más complejas y controvertidas en los últimos tiempos: la constitución de un gobierno tripartito en la Diputación entre PSOE, BNG y el diputado no adscrito (y apartado del PSOE) José Tomé. Un acuerdo nacido con cifras ajustadas, profundas contradicciones éticas y un altísimo riesgo electoral, especialmente para los nacionalistas gallegos.
El tablero: un pacto necesario, una base débil
La aritmética resultante de las elecciones de 2023 obliga a pactos inéditos. El PSOE, segunda fuerza más votada, no puede gobernar solo. Su acuerdo con José Tomé, que le ha valido a este último la alcaldía de Monforte de Lemos (cedida por los socialistas pese a su mayoría absoluta de 9 de 17 concejales), solo suma el 28.9% del voto provincial. Para alcanzar una mayoría estable en el pleno de la Diputación, necesita los 3 diputados del BNG, que aportan un 16.08% adicional. La suma llega a un ajustado 44.98%, una mayoría que exige una disciplina férrea y la presencia de todos los diputados pactantes en cada votación. La candidata es la socialista y alcaldesa de Burela, Carmela López.
La grieta ética: la condición incumplida y el «maquillaje» imposible
El escollo principal no es matemático, sino moral. La líder del BNG, Ana Pontón, impuso tres condiciones irrenunciables para sentarse a negociar: su dimisión como alcalde de Monforte, cuestión que no ocurrió, al contrario se ratifica con apoyo del PSOE; su dimisión como presidente de la Diputación (la única cumplida) y, la más categórica, que Tomé entregara su acta de diputado provincial «por dignidade da Deputación e por respecto a todas as mulleres», tras las acusaciones de acoso sexual que pesan sobre él.
Solo una se han satisfecho. La tercera, la fundamental para el BNG, ha sido ignorada. El PSOE, lejos de «encubrir» a Tomé, según la acusación de Pontón, ha sellado con él un pacto de gobierno local en Monforte que consolida su posición. Esto deja al BNG en una encrucijada devastadora: votar a favor de un gobierno que incluye a una persona a la que días antes exigían que no siguiera «ni un minuto más» en ningún cargo público.
Las declaraciones de Pontón y de la diputada provincial Iria Castro han sido tan contundentes que ahora se convierten en una prisión retórica. Su discurso de tolerancia cero con la violencia machista choca frontalmente con la fotografía política de un tripartito con Tomé. «Requiere de mucho maquillaje», señalan en voz baja fuentes nacionalistas, conscientes del daño que una imagen de aquiescencia podría causar a un partido que hace bandera de la defensa de los derechos de las mujeres.
Las piezas del BNG: sacrificio provincial vs. intereses locales
Los tres diputados provinciales del BNG encarnan distintas presiones y revelan la estrategia a dos bandas del partido:
- Efren Castro (Sarria): Concejal en un municipio donde el BNG es cuarta fuerza y sin opciones de alcaldía. Su vinculación con la tierra natal de Ana Pontón sugiere que su voto responde a una lógica de disciplina partidaria y de mantener influencia en la institución provincial, más que a ambiciones locales inmediatas.

- Iria Castro (Castroverde): Única concejala del BNG en un ayuntamiento gobernado por el PSOE. Su futuro político local es limitado, por lo que su acta provincial es su principal capital. Como firmante de la reprobación a Tomé, su voto a favor del tripartito sería especialmente simbólico y contradictorio.

- Daniel García (Barreiros): Es la pieza más frágil. Concejal en un ayuntamiento donde el BNG gobierna en minoría gracias al apoyo de un único concejal del PSOE. El PP está a apenas 54 votos de la mayoría absoluta. Para García, votar junto a Tomé podría ser la puntilla que desestabilice el pacto local y le cueste la alcaldía en 2027. Su dilema es máximo: lealtad partidaria provincial versus supervivencia política en su casa.

La gran apuesta y el riesgo electoral de 2027
El BNG se juega mucho más que tres diputados provinciales. En Lugo capital, gobierna en coalición con el PSOE por un margen de apenas 618 votos. Las encuestas apuntan a una sangría de voto socialista. Los nacionalistas necesitan captar ese voto errante para mantener el gobierno bipartito, pero su participación en un tripartito provincial con un acusado de acoso sexual podría alejar a ese electorado progresista, que podría optar por otras fuerzas de izquierda.
El mensaje se envenena: ¿cómo explicar en un mitin que Tomé era indigno en diciembre de 2025 pero es un socio de gobierno válido después? La incoherencia podría ser electoralmente letal, no solo en la provincia, sino en toda Galicia, donde el BNG aspira a crecer.
Este miércoles no se vota solo un gobierno provincial. Se vota la coherencia de un partido, la solvencia ética de un pacto y el futuro electoral de una fuerza en ascenso. El BNG debe decidir si el precio de un asiento en la mesa de la Diputación de Lugo vale el desgaste de su credibilidad y de su principal bandera ideológica. A 48 horas de la decisión, la tensión es máxima y la duda, aún mayor.

