El conjunto lucense firmó un partido coral, liderado por un monumental Brankovic, para tumbar a los isleños (75-83) en un duelo directo. El triunfo, el primero tras el parón de Copa, inyecta una dosis de moral y oxígeno en la clasificación
El Río Breogán volvió a demostrar que tiene un corazón enorme. En un escenario tan complicado como el Gran Canaria Arena, ante una afición exigente y un rival directo en la pelea por no descender, los de Lugo firmaron una de las victorias más importantes de la temporada. El marcador final (75-83) refleja el dominio de un equipo que, a pesar de los momentos de nerviosismo, supo jugar con la inteligencia y el orgullo que caracteriza a este club.
Fue un triunfo de los que saben a gloria, de los que consolidan proyectos y unen a una afición. Porque lo de hoy no fue solo ganar; fue cómo se ganó. Fue asaltar una fortaleza, controlar el tempo del partido y demostrar que, pase lo que pase, este Breogán no se rinde.
Un inicio arrollador y un golpe en el momento justo
El partido comenzó con un guion inesperado para los locales. Lejos de sentir el peso del viaje o la presión, el Breogán salió a morder. En el primer cuarto, los de Luis Casimiro mostraron una fluidez ofensiva espectacular, moviendo el balón con criterio y encontrando acierto desde el perímetro. Con un parcial de 24-30 en los primeros diez minutos, los lucenses dejaron claro que no habían viajado a la isla de turismo.
Sin embargo, como es habitual en esta liga, Gran Canaria reaccionó. Un mal segundo cuarto puso casi las tablas en el marcador y el partido entró en una dinámica de máxima igualdad. El momento de verdad, el momentum que decidiría el encuentro, llegó en el tercer periodo. Lejos de venirse abajo, el Breogán administró una de las exhibiciones más sólidas de la temporada. Un parcial de 13-26 silenció por completo el pabellón isleño. Fue un recital de defensa, de coraje y de pegada, liderado por un hombre que fue absolutamente diferencial.
El gigante Brankovic lidera una pintura de autoridad
Si hay que ponerle cara a la victoria, esa es la de Mihailo Brankovic. El pívot interior firmó una actuación para enmarcar: 15 puntos, 13 rebotes y 24 de valoración en tan solo 18 minutos sobre la cancha. Su dominio en la zona fue absoluto, capitalizando la sensible ausencia del pívot local Mike Tobey (baja por el nacimiento de su hija, a quien mandamos una felicitación desde estas líneas). Brankovic no solo anotó, sino que devoró el rebote ofensivo y defensivo, dando segundas oportunidades que fueron letales para el ánimo local.
Pero el éxito en la pintura fue coral. Junto a él, Sakho firmó una labor titánica de pegada y sacrificio, con 8 puntos y 7 rebotes que sumaron 13 de valoración. La pareja interior del Breogán fue un muro. A ellos se unió la experiencia de Andric, que aportó 14 puntos clave para sostener el marcador en los momentos de mayor tensión.
Un banquillo de oro y sangre fría en el tramo final
La profundidad de plantilla fue otra de las grandes armas del equipo. El banquillo lucense sumó nada menos que 38 puntos, un dato que refleja la confianza del míster y la implicación de toda la plantilla. Cuando los titulares necesitaban aire, los relevos no solo mantuvieron el nivel, sino que en muchos casos lo elevaron.
El último cuarto fue un ejercicio de supervivencia. Gran Canaria, herida en su orgullo y ante su afición, apretó hasta reducir la renta (71-78). En esos momentos, los fantasmas de partidos anteriores pudieron aparecer, pero este Breogán ha aprendido de los errores. Con posesiones pausadas, buena gestión del reloj y acierto desde la línea de tiros libres, el equipo supo cerrar el partido con la madurez de un grande. La ventaja final de ocho puntos (75-83) es un reflejo justo de un triunfo trabajado, sufrido y merecido.
Un paso de gigante
Este triunfo no es solo un subidón anímico; es un botín de oro en la clasificación. Asaltar la cancha de un rival directo mete en una situación muy comprometida al Dreamland Gran Canaria, que vio cómo sus errores desde la línea de tiros libres (18 de 35, un lastre insalvable) y la presión de jugar en casa les pasaron factura. A pesar de los esfuerzos de Robertson (15 puntos) y Kuath (16 de valoración), los isleños no pudieron contener la furia celeste.
Para el Río Breogán, es el primer triunfo tras el parón de la Copa del Rey, y llega en el mejor escenario posible. Es un golpe de autoridad que refuerza la idea de que este equipo tiene argumentos para mantener la categoría. Como bien se comentaba en las redes sociales durante la retransmisión, «lo importante era la victoria, sin importar el cómo», pero el cómo de hoy invita al optimismo: con compromiso, con orgullo y con una fe inquebrantable.


Fuente: acb.com

