La histórica agrupación, con más de 150 años a sus espaldas, se sube al escenario con apenas 19 músicos para reivindicar su existencia y denunciar el abandono del Concello, que la ha convertido en un grupo de cámara y mantiene paralizada su escuela de formación
Bajo el templete de la Praza Maior, los acordes de la Banda Municipal de Música de Lugo regresaron el pasado 9 de octubre tras seis años de un silencio casi absoluto. El concierto, bautizado como ‘O Rexurdimento’, fue un acto de resistencia. Ante el público, no se alineaba la potente formación sinfónica de antaño, sino un reducido grupo de cámara de apenas una veintena de profesionales que, con gran mérito, hizo sonar un repertorio que merecería el doble de intérpretes. Su actuación no fue solo un concierto; fue un grito de auxilio para evidenciar que una de las instituciones culturales más antiguas de Galicia atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia.
Con una trayectoria que se remonta a 1869, dirigida en sus inicios por el ilustre Xoán Montes —compositor de la melodía de ‘Negra Sombra’— y convertida durante décadas en el «fondo sonoro» de la ciudad, la Banda es hoy la sombra de lo que fue. Un abandono progresivo por parte del Concello de Lugo, sumado a conflictos laborales crónicos y una paralización total de su cantera natural —la Escuela Municipal de Música—, ha desembocado en una situación límite.
De 50 músicos a un grupo de cámara: la lenta agonía
La plantilla actual de la Banda es el síntoma más evidente de su declive. Donde antes resonaban entre 45 y 50 instrumentos, hoy solo suenan 19. Esta escasez obliga a los músicos a adaptar el repertorio sinfónico a un formato de cámara, un esfuerzo artístico loable pero insostenible para mantener el nivel y la programación que la ciudad merece. «Se han convertido en un grupo de cámara. A pesar de eso, tocan su repertorio sinfónico. Gran mérito de los profesionales que aún quedan en la banda», podría ser el epitafio de una institución que sobrevive por la tenacidad de sus últimos guardines.
Este no es el primer bache en sus 150 años de historia —en 1963 fue disuelta temporalmente y restablecida por la presión vecinal—, pero sí parece ser el más prolongado y estructural. Tras la jubilación del director Rosendo Ivorra en 2016, la agrupación entró en un «letargo» de casi seis años sin director estable y sin conciertos públicos, un vacío que ha acelerado su debilitamiento.
El conflicto laboral: los sueldos más bajos para músicos profesionales
La precariedad no solo es numérica, sino también económica. Los músicos que visten el uniforme municipal perciben unos sueldos que se equiparan a los de menos ingresos en el ayuntamiento, muy por debajo de los de sus homólogos en A Coruña o Santiago. Además, se ven obligados a compaginar su labor como instrumentistas con la docencia en la Escuela Municipal de Música, sin una compensación salarial acorde a esta doble función.
Recientemente, el Ayuntamiento aprobó un plan para reconvertir las 19 plazas en «músicos-docentes», un cambio que teóricamente mejoraría su clasificación laboral. Sin embargo, el conflicto persiste por la falta de un acuerdo salarial digno. Los músicos se niegan a asumir roles directivos en la Escuela hasta que no se resuelva esta reclasificación, lo que ha generado una tensión permanente con el gobierno local.
La escuela paralizada: matando la cantera
Si la Banda es el árbol, la Escuela Municipal de Música —creada en 2012 y con capacidad para más de 700 alumnos— son sus raíces. Actualmente, esas raíces están secas. El curso 2025-2026 debería haber empezado, pero la escuela permanece cerrada, sin fecha de apertura y sin directiva. El motivo: el mismo conflicto laboral. Los profesores interinos se resisten a continuar sin la ansiada reclasificación, y el nuevo director de la Banda, David Fiuza, discrepa con el Concello sobre si su puesto debe incluir obligatoriamente la dirección de la escuela.
Este cierre crea un círculo vicioso mortal: sin escuela, no hay formación de nuevos músicos; sin cantera, la Banda no puede regenerarse. El futuro, por tanto, no pinta mejor que el presente.
El puesto clave de dirección tiene un futuro incierto
La incorporación de David Fiuza en 2024 supuso un rayo de esperanza, pero la plaza de director se ha convertido en un puesto «tóxico». En los últimos años, aspirantes que ganaron las oposiciones han renunciado posteriormente debido a los bajos salarios, la provisionalidad y los conflictos con la administración. Esta inestabilidad ha llevado al Concello a contratar bandas externas para eventos municipales, una medida que hiere de muerte la razón de ser de la banda propia.
La Banda Municipal de Música de Lugo se aferra a la dignidad de sus últimos músicos y a su historia para no desaparecer. Su regreso a escenario es un acto de orgullo y una denuncia. La pelota está ahora en el tejado del Concello: o actúa con decisión para salvaguardar este patrimonio cultural vivo, o será recordado como el responsable de apagar la música que durante siglo y medio ha dado sonido a la identidad de Lugo.

