La concejala deja el PSOE y pasa a ser no adscrita, evidenciando las grietas internas de una coalición (PSOE-BNG) que ya arrastraba contradicciones, divisiones internas y dos traumáticos cambios de alcaldía
El Concello de Lugo amaneció ayer con un nuevo terremoto político. La concejala María Reigosa, hasta ahora miembro del grupo municipal socialista, oficializó su salida del grupo socialista, una decisión que, más allá del número, deja a la coalición de PSOE (7) y BNG (5) en minoría (12 concejales de frente a los 12 del PP y la propia Reigosa como no adscrita). Sin embargo, en el ambiente político local flota una certeza compartida: la marcha de Reigosa no es la causa de la inestabilidad, sino la constatación de una enfermedad que llevaba meses incubándose en el gobierno local.
La decisión de la edil no fue un fogonazo de última hora. Se trató de un proceso que se fue gestando en paralelo a la descomposición de la estabilidad municipal. Reigosa ya había dado un paso al costado mesess atrás, renunciando a sus competencias como concejala de gobierno. Posteriormente con la baja de militancia en el PSOE. Ahora, con su paso al grupo de no adscritos, la edil se desmarca de un escenario que ella misma describe como insostenible en su comunicado: “Unha decisión meditada, adoptada tras discrepancias sostidas na forma de entender e desenvolver o labor municipal”.
Para entender el alcance de este desprendimiento, hay que retroceder al origen del mandato. En mayo de 2023, las urnas dejaron un tablero de máxima tensión: el Partido Popular se quedó a solo 618 votos de la mayoría absoluta (el concejal número 13). Ante la imposibilidad de que los populares gobernasen, PSOE (8 concejales) y BNG (5) sellaron una coalición para desbancar a la lista más votada. Un pacto que, pese a ser lógico numéricamente, nació con costuras endebles que el tiempo no ha hecho más que rasgar.
El mandato más convulso de la historia reciente de Lugo ha pasado por pruebas de estrés extremas. El primer golpe fue la marcha de Lara Méndez al Parlamento de Galicia, lo que obligó a un relevo en la alcaldía. El segundo, de una crudeza inusitada, fue el fallecimiento de Paula Alvarellos, la alcaldesa que tomó el relevo. En ese contexto de duelo y reorganización, el PSOE apostó por Miguel Fernández para pilotar la nave, una designación que, lejos de calmar los vientos, acrecentó las tensiones internas.
Un pastel cocinado por muchos
La marcha de Reigosa llega como “la guinda de un pastel que cocinaron otros”, en palabras de fuentes conocedoras de la política local. Porque si la coalición ya caminaba con dificultades por las continuas contradicciones entre los dos socios de gobierno —con episodios recientes como la licitación de un contrato por parte del área del líder del BNG, Rubén Arroxo, que tuvo que ser retirada por la firma del alcalde socialista—, dentro de cada formación política las divisiones son igualmente profundas.
En el seno del PSOE, las discrepancias internas se han exacerbado desde la llegada de Miguel Fernández a la alcaldía. Sectores del partido cuestionan abiertamente la idoneidad del actual regidor para encabezar la candidatura de 2027, un debate interno que ha socavado la autoridad del ejecutivo local y ha generado un ambiente de desconfianza permanente.
Mientras tanto, en el BNG, las turbulencias no son menores. Voces internas reclaman que Rubén Arroxo, cabeza de lista de la formación nacionalista y concejal desde 2015 (en el gobierno desde 2019), se aparte de cara a los próximos comicios. Los estatutos del partido, que establecen una limitación de mandatos, alimentan la presión interna, sumando un frente más a la inestabilidad del gobierno bipartito.
Una voz en conciencia
En medio de este panorama de fracturas cruzadas —entre socios de gobierno y dentro de cada partido—, María Reigosa ha optado por desvincularse. Con su salida, el gobierno local pierde la mayoría que le permitía sacar adelante sus iniciativas con cierta holgura, complicando aún más la gestión municipal.
En su breve comunicado, Reigosa quiso dejar claro que su acta de concejala seguirá vigente, pero que su voto en el pleno no estará sujeto a la disciplina del partido ni a los vaivenes de la coalición: “Seguirei desempeñando a miña función con seriedade, respecto institucional e compromiso cos veciños e veciñas de Lugo”, afirmó, dejando entrever que su lealtad será, a partir de ahora, exclusivamente y al interés general.
Lejos de ser la responsable de poner al gobierno en minoría, la imagen de Reigosa cruzando el umbral del grupo no adscrito refleja el estado terminal de una legislatura que comenzó con un pacto de suma y resta y que ahora encara su recta final con un ejecutivo quebrado. Como señalaron fuentes socialistas en privado, la salida de la concejala no es el problema; es el espejo de una enfermedad que, hasta ahora, solo se había maquillado con parches. La pregunta que queda en el aire en Lugo es si este síntoma, el de la mayoría perdida, precipitará una crisis total del gobierno local o si la coalición logrará sobrevivir en estado de cuidados intensivos hasta las próximas elecciones.

