15/01/2026

Lugo apaga las farolas (y tambiƩn su futuro): bienvenidos al turismo a ciegas

Ā«El ‘blackout’ estratĆ©gico: Lugo ahorra en luz para que los visitantes no vean el deterioroĀ»

Parece que el Ayuntamiento de Lugo ha descubierto una novedosa estrategia de ahorro energĆ©tico y, de paso, una metĆ”fora urbanĆ­stica perfecta: sumir en la mĆ”s absoluta y deliberada oscuridad puntos clave de la ciudad. No es un apagón, insistimos, es una Ā«adaptación retiniana progresivaĀ». Un brillante (nunca mejor dicho) plan para que la retina de los lucenses y lucenses se acostumbre, lenta e irreversiblemente, a la falta de claridad. Al fin y al cabo, Āæpara quĆ© ver con detalle el deterioro cuando se puede disfrutar de su silueta difuminada?

Durante años, este tratamiento de choque lumínico (o mÔs bien, la falta de él) se ha aplicado con paciencia quirúrgica a vecinos de ciertas zonas. Un proceso lento, casi homeopÔtico, para que la queja se diluya en la costumbre. «Al principio protestÔbamos, pero ahora nuestro ojo izquierdo ve en infrarrojos y el derecho distingue cinco nuevos tonos de gris», comenta un vecino del Ôrea, mientras tropieza elegantemente con el mismo bordillo por décima vez esta semana.

Pero la genialidad del plan alcanza su cĆ©nit en: el Ć”rea de autocaravanas y los accesos al Pazo. AquĆ­ es donde la jugada maestra se revela. Lugo no se conforma con que sus habitantes vivan en la penumbra; quiere que los visitantes tambiĆ©n vivan la Ā«experiencia completaĀ». ImagĆ­nense: turistas que llegan con sus casas a ruedas, esperando una acogida luminosa, y se encuentran con que el aparcamiento parece el escenario de una pelĆ­cula de terror low-cost. Es la bienvenida mĆ”s honesta que puede ofrecer una ciudad: Ā«EstĆ”s entrando en la oscuridad, literal y metafórica. Ajusta tus faros y tus expectativasĀ».

Y luego estĆ”n los que se dirigen al Pazo. El contraste es pedagógico. Mientras algunas zonas del centro mantienen un tenue pulso lumĆ­nico, el camino hacia ciertas instituciones es un salto al abismo. Es una lección objetiva de prioridades. Una metĆ”fora caminable: cuanto mĆ”s te acercas a algunos sĆ­mbolos, menos se ve. Profundo, Āæverdad? Y resbaladizo.

Porque no nos engaƱemos. Esta falta de luz no es un despiste de un electricista despistado. Es el sĆ­ntoma perfecto, iluminado por su ausencia, de la situación polĆ­tica y de abandono que sufre la ciudad. Lugo no se apaga porque fallen las bombillas; Lugo se apaga porque el interruptor general del interĆ©s, la planificación y la inversión lleva aƱos en posición Ā«offĀ». La oscuridad es la explicación mĆ”s entendible para cualquiera que pregunte por quĆ© la ciudad se deteriora: es difĆ­cil cuidar (y ver) lo que permanece invisible.

Hablamos, no lo olvidemos, de un punto estratĆ©gico para el turismo moderno (las autocaravanas son oro sobre ruedas) y para el disfrute ciudadano (el Pazo y su entorno). Mantener una iluminación adecuada no es un lujo, es lo mĆ­nimo para no dar una imagen de ciudad abandonada y, sobre todo, para garantizar la seguridad. Pero parece que la estrategia es otra: ofrecer un safari urbano a ciegas, donde la emoción del posible tropiezo se suma al encanto de la muralla.

Ante este panorama de negrura brillantemente orquestada, solo nos queda una herramienta: la petición formal. Por ello, hemos presentado una solicitud en la comisión correspondiente para que, por favor, Ā«se incremente la iluminación en toda el Ć”reaĀ». Pedimos luz. Mucha luz. Una luz cegadora que alumbre no solo los caminos y los aparcamientos, sino tambiĆ©n los despachos donde se toman estas decisiones. A ver si asĆ­, de una vez por todas, alguien ve claro lo que estĆ” pasando.

Mientras tanto, Lugo sigue siendo la ciudad donde el futuro no brilla… ni siquiera titila. Es una opción polĆ­tica. Y, al parecer, muy, muy oscura.

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