El croata se viste de héroe en el último cuarto (18 puntos), secundado por un enorme Dibba y la dirección de Quintela. Ricky Rubio rozó la perfección (21 puntos, 23 de valoración), pero se topó con un muro celeste.
El Pazo dos Deportes vivió una de esas mañanas de domingo que reconcilian con el baloncesto. El Río Breogán, firmemente asentado en la zona media de la Liga Endesa, dio un golpe de autoridad ante el Asisa Joventut, un aspirante directo al «playoff», al que endosó un 93-86 que sabe a gloria pura. No fue un triunfo cualquiera: fue un partido de poder a poder, de estrellas, y donde el final lo puso un mago croata llamado Dominik Mavra.
El partido, un toma y daca constante, parecía tener a un dueño indiscutible durante 35 minutos: Ricky Rubio. El base de El Masnou, con 21 puntos y una valoración estratosférica de 23 créditos, dirigió, anotó y mareó a la defensa local como en sus viejos tiempos. Parecía que su recital iba a ser suficiente para que la Penya diese un paso de gigante hacia el factor cancha en la postemporada, pero se encontró con la heroica resistencia gallega.
Y entonces, apareció Mavra. El croata, silencioso durante buena parte del choque, se erigió en el verdugo verdinegro en el tramo decisivo. Sus 18 puntos, muchos de ellos en momentos de máxima tensión, culminaron con un triple lejano a falta de un minuto que heló la sangre de los visitantes y desató la locura en la grada. Ese lanzamiento, junto a sus 7 puntos consecutivos en el tercer cuarto que cambiaron el rumbo (parcial de 12-2), le convierten en el héroe indiscutible de la jornada.
Pero hablar solo de Mavra sería un error. El triunfo fue coral, una muestra del carácter de este equipo. Erik Quintela demostró una vez más que la dirección está en buenas manos: 7 puntos (claves en momentos de apuro) y 6 asistencias, pero sobre todo, un trabajo defensivo titánico que desesperó a los bases visitantes. En la pintura, aunque Sakho no anotó, su presencia fue un muro: capturó 8 rebotes que negaron segundas opciones a un Joventut mermado por las bajas de Tomic y un Birgander muy limitado.
Mención especial merece Dibba, que con 14 puntos realizó su encuentro más completo, aportando energía y anotación exterior. Y si hablamos de acierto, el equipo de Luis Casimiro brilló desde la línea de 6.75. Los celestes firmaron un sensacional 41,94% en triples (13/31), un caudal ofensivo imposible de contrarrestar para unos catalanes que se quedaron en un pobre 30% desde el perímetro (9/30).
El Asisa Joventut dio un paso atrás en su carrera por alcanzar el «top 4» que otorga el factor cancha. A pesar de un arranque prometedor (0-5 inicial), el Breo impuso su ritmo, su rebote ofensivo y, sobre todo, su corazón. Luis Casimiro supo leer el partido, frenando a tiempo los arreones de un rival que, más allá de la exhibición de Ricky Rubio, se encontró con la defensa del base local y la explosividad final de Mavra.
El Breogán no solo gana, sino que manda un mensaje: aquí, y en el momento decisivo, aparece un héroe diferente. Hoy fue Mavra, pero el escudo es el de todos. A soñar, lucenses. El billete a Europa ya no es un sueño, es un objetivo.



