PSOE y BNG exigen explicaciones por una comisión de servicio abierta y pública, mientras evitan hablar de sus grietas internas y su debilidad política. El ejemplo de A Coruña desmonta la teoría de la conspiración.
El espectáculo político en el Concello de Lugo ha alcanzado un nuevo nivel de esperpento. El bipartito formado por PSOE y BNG, incapaz de defender una gestión de estos años pasados que no deja ningún logro destacable, ha optado por la vía de la sospecha más rocambolesca: insinúan, sin una sola prueba, que la Xunta de Galicia habría creado una plaza de jefatura en el Servizo do Litoral de Lugo a medida para la concejala no adscrita María Reigosa, supuestamente a cambio de su apoyo a una moción de censura que llevaría a Elena Candia (PP) a la Alcaldía.
Lo que realmente está sobre la mesa es un pataleo. Un berrinche político de quienes ven cómo el terreno se les hunde bajo los pies. En lugar de presentar una gestión brillante que merezca continuidad —que sería el argumento normal de un gobierno que quiere repetir—, el bipartito prefiere fabricar fantasmas y lanzar insinuaciones que no llegan ni a media verdad. Hablan de «dudas» y «sospechas», pero no aportan un solo hecho. Es el clásico recurso de quien no tiene nada que enseñar: señalar con el dedo hacia fuera para no mirar el desastre propio.
Una oferta pública, abierta y legal
Los hechos son tozudos, y aquí están: el pasado 21 de abril, la Consellería de Medio Ambiente e Cambio Climático publicó una convocatoria para cubrir, en comisión de servicios, la Xefatura do Servizo do Litoral en Lugo. El plazo está abierto hasta el 27 de abril y pueden presentarse todos los funcionarios que cumplan los requisitos. No hay nombre, ni dedo, ni cláusula secreta. Es un proceso abierto, transparente y sometido a los principios de igualdad, mérito y capacidad.
Además, la comisión de servicios tiene una duración máxima de dos años, conforme a la legislación vigente. Y aquí viene lo más relevante, algo que el bipartito prefiere ignorar: para ocupar esa plaza, es imprescindible contar con la autorización de la administración de origen del funcionario seleccionado. En el caso de la supuesta «concejala clave», su origen sería la Administración del Estado. Es decir, que el gobierno central (PSOE en Madrid) tendría que dar el visto bueno. ¿Realmente creen que el PSOE de Sánchez va a facilitar una operación para desalojar a sus propios compañeros de la Alcaldía de Lugo? El absurdo es mayúsculo.
El ejemplo de A Coruña: cuando la realidad destroza la teoría
Si el bipartito lugués necesita un ejemplo de lo disparatado de sus acusaciones, que miren hacia A Coruña, donde el propio PSOE ha vivido en sus carnes lo que significa una comisión de servicios denegada. Hace escasos meses, una funcionaria de prisiones —de la Administración del Estado— aspiraba a ser jefa de seguridad en el Ayuntamiento de A Coruña. ¿Qué ocurrió? La Administración estatal le denegó la autorización para ocupar ese puesto en comisión de servicios. Ni siquiera el hecho de que el Ayuntamiento esté gobernado por el PSOE (con Inés Rey al frente) sirvió para forzar la máquina. Finalmente, esa misma persona tuvo que esperar a una plaza de libre designación, que posteriormente fue anulada por sentencia judicial. Hoy, curiosamente, es concejal del PSOE en A Coruña.
Este caso demuestra dos cosas: primera, que las comisiones de servicio no son moneda de cambio porque dependen de la autorización expresa del organismo de origen; segunda, que las administraciones no funcionan como una partida de ajedrez amañada por mucho que lo insinúe un bipartito desesperado.
Debilidad interna y un clavo ardiendo
¿Qué esconde realmente esta ofensiva del PSOE y BNG en Lugo? La respuesta es sencilla: sus propios problemas internos. El bipartito se desgarra por dentro, las grietas entre socialistas y nacionalistas son cada vez más profundas y su gestión en el Concello es tan irrelevante que no encuentran un argumento para justificar un minuto más en el poder. La moción de censura no es más que una consecuencia de su propia parálisis. Pero en lugar de hacer autocrítica, prefieren fabricar un enemigo exterior y lanzar acusaciones temerarias que rozan el ridículo.
Exigen explicaciones inmediatas y amenazan con «posibles consecuencias penales». Pero las únicas consecuencias penales que deberían preocuparles son las de lanzar insinuaciones falsas sin base alguna. Mientras tanto, los ciudadanos de Lugo asisten a un espectáculo lamentable: un gobierno local que, incapaz de defender su gestión, se dedica a buscar conspiraciones donde solo hay un proceso abierto y público.
Que se miren en el espejo coruñés
Si el bipartito quiere evitar seguir haciendo el ridículo, debería dejar de buscar agujas en pajares y empezar a explicar por qué, tras años de mandato, no tienen ningún éxito que vender. El ejemplo de A Coruña es diáfano: las comisiones de servicio no son un juguete político y la Administración del Estado no da cheques en blanco. Lo que hoy insinúan PSOE y BNG en Lugo no es más que un pataleo de quien se ahoga en su propia mediocridad. Y esa, señores del bipartito, no se arregla con comunicados histriónicos, sino con hechos y gestión. Como no tienen ninguna, les queda el clavo ardiendo de la conspiración. Pero cuidado: los clavos ardiendo queman, y este ya está chamuscando su ya escasa credibilidad.

