28/04/2026

600 personas convierten la Muralla de Lugo en un escudo vivo contra el cáncer

La séptima edición de la marcha ‘Lugo en marcha contra el cáncer’ movilizó a familias, supervivientes y voluntarios en una jornada de visibilidad y esperanza

El sol bañaba este fin de semana los adarves de la Muralla romana de Lugo, pero no fue el único calor que se sintió. Alrededor de 600 personas se dieron cita en la séptima edición de la iniciativa solidaria Lugo en marcha contra el cáncer, un evento organizado por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Lugo que vuelve a demostrar que la lucha contra esta enfermedad se gana, ante todo, con comunidad, visibilidad y financiación para la investigación.

Desde primera hora de la mañana, la plaza de la Catedral fue un hervidero de camisetas verdes y lazos contra el cáncer. No era una competición al uso. Entre los participantes se mezclaban niños con sus mochilas, corredores populares, pero sobre todo, muchas personas que portaban un cartel con un nombre: el de un familiar, un amigo o ellos mismos, supervivientes.

El verdadero podio simbólico fue el de la concienciación. La AECC, organizadora principal del evento, puso el foco en su objetivo fundacional: ayudar y mejorar la vida de las personas con cáncer y sus familias durante todo el proceso de la enfermedad, desde el diagnóstico hasta los cuidados paliativos, sin olvidar el pilar más importante para el futuro: impulsar la investigación oncológica.

La jornada contó con la presencia institucional del delegado territorial de la Xunta, Javier Arias, quien participó en la actividad y recordó la colaboración habitual del gobierno gallego con la AECC. Arias destacó que, simultáneamente, se siguen reforzando los recursos públicos para la prevención y el tratamiento. Sin embargo, tanto los organizadores como los asistentes mantuvieron el protagonismo en la causa común: visibilizar que el cáncer no entiende de edades ni de condiciones, y que la respuesta debe ser colectiva.

La marea verde recorrió la Muralla sin prisa, pero sin pausa, convirtiendo un monumento romano en un símbolo contemporáneo de resistencia. Al cruzar la meta, no hubo cronómetros, solo aplausos y algunas lágrimas contenidas. Porque en esta lucha, llegar hasta el final no es ganar una medalla, sino compartir el camino.

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