La XXVI Mostra do Aceite de Quiroga cierra su edición con un rotundo éxito de participación, reivindicando un producto que ha pasado de ser un tesoro familiar a conquistar paladares internacionales y posicionarse como uno de los aceites de oliva virgen extra más saludables y singulares del planeta
Hay lugares donde la tierra, el clima y la historia se aúnan para crear algo verdaderamente excepcional. El valle de Quiroga, en el corazón de la Ribeira Sacra, es uno de ellos. Aquí, donde las laderas del río Sil se cubren de terrazas y olivos centenarios, se produce un aceite de oliva virgen extra que no se parece a ningún otro. La XXVI Mostra do Aceite de Quiroga, celebrada este pasado fin de semana, ha vuelto a demostrar que este «ouro líquido» ya no es solo un secreto bien guardado por los lugareños, sino una realidad oleícola de primer nivel que despierta el interés de la ciencia, la alta gastronomía y los mercados más exigentes .
Con un formato consolidado que desde el año pasado traslada el bullicio de la fiesta al casco urbano sin olvidar la tradición del molino de Bendilló, la muestra ha reunido a miles de visitantes ávidos de conocer y catar un producto que rompe todos los tópicos. Porque el aceite de Quiroga no es un aceite del sur plantado en el norte: es la expresión genuina de unas variedades autóctonas –la brava y la mansa, recientemente estudiadas y catalogadas por el CSIC– que han sobrevivido al paso de los siglos y que, cultivadas en condiciones extremas, ofrecen un perfil sensorial único .
Un éxito respaldado por la ciencia y los paladares más exigentes
Lo que durante generaciones fue un cultivo para el autoconsumo, con raíces que se hunden en la época romana, es hoy un producto sometido al escrutinio científico que confirma sus excepcionales cualidades. La Mostra ha acogido este año la tercera edición del Congreso Arredor do Aceite de Oliva de Quiroga, un espacio de reflexión donde expertos de la Universidad de Vigo y otras instituciones han puesto sobre la mesa los últimos avances en el estudio de este alimento .
Y es que los datos avalan la grandeza de este aceite. Investigaciones promovidas por el propio Ayuntamiento y desarrolladas por la Universidad de Córdoba revelaron hace unos años que el aceite de Quiroga posee unos niveles de polifenoles sencillamente extraordinarios. Con cifras que oscilan entre los 324 y los 684 miligramos por kilo, este AOVE multiplica por dos y hasta por tres el mínimo legal exigido por la Unión Europea para ser considerado un «alimento biosaludable». Esto significa que una ingesta diaria de 20 gramos aporta beneficios contrastados para la salud, gracias a la presencia masiva de compuestos como el oleocanthal –con propiedades antiinflamatorias equiparables a las del ibuprofeno–, la oleuropeína o el hidroxitirosol, considerado el antioxidante natural más potente que se conoce .
Estos números, lejos de ser fríos datos de laboratorio, se traducen en una experiencia sensorial inigualable. A diferencia de los aceites del sur, más potentes y con un amargor y picor acusados, el aceite de Quiroga sorprende por su frescura, su equilibrio y sus notas herbáceas, afrutadas y ligeramente almendradas. Un perfil que no ha pasado desapercibido para la alta cocina. Precisamente, uno de los momentos más esperados de la muestra fue el nombramiento del nuevo embajador del aceite de Quiroga: el chef Javier Olleros, propietario del restaurante Culler de Pau (O Grove), distinguido con dos estrellas Michelin. Olleros tomó el relevo de Kike Piñeiro y ofreció una demostración culinaria en la que puso de manifiesto las virtudes de este producto para la cocina de vanguardia .
«Es un honor para todos los quirogueses contar con un embajador de ese lujo», manifestó el alcalde de Quiroga, José Luis Rivera, visiblemente satisfecho por la acogida de un evento que ha calificado con un «10 sobre 10». La apuesta del municipio por descentralizar la feria y crear un congreso técnico asociado está dando sus frutos, atrayendo a un público cada vez más diverso e interesado en la calidad por encima de la cantidad .
Reconocimiento internacional y futuro prometedor
El éxito de la muestra no es un hecho aislado, sino la constatación de un momento dulce para la oleicultura quiroguesa. Hace apenas dos años, la empresa Ouro de Quiroga lograba un hito histórico: recibir el primer premio internacional para un aceite de la comarca en los prestigiosos ESAO Awards, organizados por la Escuela Superior del Aceite de Oliva con sede en Valencia. Competir con más de 170 productores de países como Italia, Grecia, Turquía o Estados Unidos y alzarse con el tercer galardón en la categoría de variedades locales supuso un espaldarazo definitivo a la filosofía de trabajo basada en la recuperación de las variedades autóctonas .
«É importante para nós na medida en que supón un recoñecemento ao traballo que estamos facendo para producir aceite de oliva con variedades autóctonas de aceituna», explicaba entonces Julio Quiroga, responsable de la firma, incidiendo en la importancia de seguir profundizando en el conocimiento de las variedades brava y mansa para conseguir aceites «máis equilibrados» .
En esta línea de investigación y mejora, la Xunta de Galicia, a través de la Axencia Galega de Calidade Alimentaria (Agacal), participa activamente en dos iniciativas para favorecer el desarrollo de las variedades autóctonas. Este mismo año está previsto que comience la producción de plantas certificadas en la Estación Experimental Agrícola de Baixo Miño, en Salceda de Caselas, con el objetivo de que los productores puedan disponer de ellas y seguir avanzando en su estudio. En concreto, se emplearán cuatro variedades, una de las cuales ya está identificada genéticamente como única en Galicia por el Banco Mundial de Xermoplasma [cita del comunicado de la Xunta].
Todo ello apunta a un futuro prometedor para un sector que, aunque todavía modesto en volumen –se producen en torno a 35.000-40.000 litros anuales, de los cuales aproximadamente la mitad se comercializa–, compite en la liga de los grandes por calidad, singularidad y potencial saludable .
Tradición viva en el molino de Bendilló
Pero la fiesta no sería completa sin la memoria de los antepasados. Mientras en el Auditorio Municipal se debatía sobre biotecnología y potencial antidiabético de los aceites gallegos, y en la carpa ferial los chefs desplegaban su arte, el histórico molino de Bendilló mantenía viva la esencia más pura de esta tradición. Allí, con el sonido de la piedra y la paciencia de siempre, se ofrecieron demostraciones de elaboración tradicional de aceite, permitiendo a los visitantes viajar en el tiempo y comprender el esfuerzo que hay detrás de cada gota de este oro líquido .
Autobuses gratuitos conectaron ambos escenarios, facilitando el acceso a un público que pudo completar así una inmersión total en el universo del aceite de Quiroga: desde la ciencia y la vanguardia culinaria hasta la raíz más auténtica de una cultura que se niega a desaparecer.
Entre puesto y puesto de los colleiteiros –Jesús Bao, Aceiroga, Ouro de Quiroga, Val de Quiroga, entre otros–, los asistentes degustaron y adquirieron botellas de la nueva cosecha, mientras las camelias de la exposición de J.R. Teixeira añadían una nota de color y el grupo de música tradicional Peleriños de Sarria animaba la mañana dominical .
La XXVI Mostra do Aceite de Quiroga echa el cierre con un sabor de boca inmejorable. La de 2026 quedará como la edición en la que se confirmó que este pequeño rincón de la Ribeira Sacra produce uno de los aceites más interesantes, saludables y singulares del mundo. Un tesoro que, afortunadamente, ya no es ningún secreto.

