La empresa reclamante alegó que el pliego estaba ‘a la medida’ de una solución, cercenando la competencia. El consistorio de Miguel FernĆ”ndez prefiere cancelar que aclarar
El Ayuntamiento desiste del mayor contrato en mucho tiempo tras el recurso de una empresa, que alegó sesgo tecnológico y opacidad. La «medida de prudencia» del gobierno local deja preguntas sobre su capacidad de contratación y genera costes colaterales.
En un episodio que revela las tripas de una gestión pĆŗblica bajo presión, el Ayuntamiento de Lugo ha tenido que dar marcha atrĆ”s, apenas dos semanas despuĆ©s de lanzarla, en la licitación de mayor cuantĆa en mucho tiempo: mĆ”s de un millón de euros para implementar la Zona de Bajas Emisiones (ZBE). El proceso, financiado con fondos europeos NextGenerationEU, ha naufragado no por una orden judicial, sino por una decisión propia tras una contundente reclamación empresarial. Un fiasco administrativo que cuestiona la solvencia tĆ©cnica y transparencia del equipo de gobierno de Miguel FernĆ”ndez (PSOE-BNG) en un proyecto clave.
La trama es sencilla en su apariencia y preocupante en su fondo. El 13 de enero de 2026, se publicaba la contratación de un Ā«sistema tecnológico integralĀ» para controlar accesos, trĆ”fico y calidad del aire en la ZBE. Nueve dĆas despuĆ©s, una empresa presentaba un recurso especial. Sus alegaciones eran graves y directas: los pliegos vulneraban los principios de neutralidad tecnológica y libre concurrencia, y el objeto del contrato era indeterminado y poco preciso. En esencia, acusaban al consistorio de diseƱar un concurso a la medida de una solución concreta, cercenando la competencia.
La reacción del gobierno local no ha sido la defensa a ultranza, sino la retirada estratĆ©gica. En un decreto firmado por el alcalde ayer 28 de enero, se acuerda el Ā«desistimientoĀ» del procedimiento. Lo llamativo es la argumentación. Un informe tĆ©cnico interno, solicitado tras la reclamación, refuta las alegaciones de la empresa. El jefe de Servicio de IngenierĆa afirma que no se exige obligatoriamente la integración con EcoTrafiX, que solo supone 5 puntos sobre 100, y que no aprecia ilegalidad. Sin embargo, en un giro que delata una debilidad de fondo, recomienda desistir Ā«como medida de prudenciaĀ» para Ā«evitar interpretaciones sesgadasĀ» y Ā«maximizar la claridadĀ».
Este eufemismo burocrĆ”tico āĀ»medida de prudenciaĀ»ā es el reconocimiento tĆ”cito de un error grave. Si los pliegos eran tan claros y equitativos como sostiene el informe interno, ĀæquĆ© necesidad habĆa de cancelar un proceso de tal envergadura? La conclusión es inevitable: la redacción original era tan ambigua o potencialmente sesgada que, incluso siendo tĆ©cnicamente defendible, no superaba el mĆnimo de seguridad jurĆdica y transparencia que exige la gestión de fondos pĆŗblicos, mĆ”xime cuando son europeos.
La maniobra, presentada como gesto de buena fe y transparencia, tiene un coste. Primero, un coste de tiempo. Los plazos de ejecución de los proyectos NextGenerationEU son estrictos, y este tropiezo pone en riesgo el cumplimiento. Segundo, un coste económico y de confianza para el resto de empresas que, habiendo confiado en la seriedad del proceso, pudieron haber iniciado ya trabajos y estudios para preparar sus ofertas. Su esfuerzo y dinero se esfuman con un decreto. El ayuntamiento juega a un peligroso «ensayo y error» con dinero comunitario y con la credibilidad del sector.
Este caso trasciende una mera anécdota contractual. Es sintomÔtico de una forma de gobernar. Un proyecto estrella de movilidad y sostenibilidad, con una financiación extraordinaria, se lanza con una precipitación y una falta de rigor técnico-legal que obliga a volver a la casilla de salida. Plantea serias dudas sobre la capacidad de preparación y previsión de una administración que debe gestionar complejidades tecnológicas y normativas. ¿Se consultó suficientemente con expertos y el sector antes de lanzar los pliegos? ¿O primó la urgencia por ejecutar el presupuesto sobre el rigor?
El alcalde Miguel FernĆ”ndez evita, en el documento, cualquier autocrĆtica explĆcita. Se ampara en el artĆculo 152 de la Ley de Contratos para desistir Ā«a fin de corregir y clarificar los pliegosĀ». Es la coartada legal perfecta para un fracaso administrativo. Lugo merece algo mĆ”s que justificaciones formales. Merece una explicación clara de quĆ© falló en el seno de su gobierno para que un proyecto de tal importancia naciera con un defecto de forma tan sustancial. Y, sobre todo, merece la garantĆa de que la próxima licitación no serĆ” otro ejercicio de Ā«prudenciaĀ» forzada, sino el resultado de una gestión competente y transparente. De momento, solo hay un proceso parado, un millón de euros en el aire y una ciudad que sigue esperando una ZBE creĆble y bien gestionada que aporte soluciones a la movilidad.

